
En estos duros momentos de crisis por lo que atraviesa nuestro país, las empresas ya no sólo buscan hacer una simple entrevista de trabajo para elegir a un candidato ideal. Precisan formación demostrable en el conocimiento y utilización de los idiomas.
Y es que poder ejercer una profesión relacionada con esta disciplina es muy interesante, puesto que además de por su remuneración, es, sin duda alguna, una profesión con mucho futuro.
A continuación vamos a hacer una distinción entre las funciones de un traductor y las funciones de un intérprete.
Las funciones de un traductor están relacionadas principalmente con el mundo de los escritos. Su actividad consiste en un conocimiento muy técnico del idioma a traducir y las equivalencias semánticas exactas con la lengua a la que se está haciendo la traducción. Se abarcan todo tipo de áreas: desde la información general, pasando por las investigaciones, hasta las traducciones oficiales.
Con respecto a las funciones del intérprete, hay que destacar que se circunscriben al lenguaje hablado, y es conditio sine qua non la capacidad de síntesis, así como la rapidez a la hora de asimilar la lingüística. En síntesis, su objetivo es el de transmitir con lucidez, celeridad y certeza la idea de la persona que está hablando. La interpretación puede ser de dos tipos: simultánea (se transmite mediante auriculares mientras habla el sujeto) o consecutiva (se lleva a cabo por bloques, en las pausas en las que el interviniente intercala en su declaración).
En definitiva, por todos los motivos anteriormente comentados, el futuro de prácticamente todas las profesiones estará estrechamente vinculado a la utilización de los idiomas, por lo que formarse en la mayor parte de ellos puede ser una muy buena opción para tratar de evadir la crisis lo más pronto posible y poder estar presentes en el mercado de trabajo, un mundo cada vez más competitivo.