Alegrías Baratas

A diario se escucha hablar de pasión y diversión. Se cree que sólo quien tiene la capacidad de ir a un parque de diversiones, a un bar, a la discoteca de moda o al nuevo estreno de cine la pasa realmente bien, entretanto se olvidan los placeres sencillos. Poco a poco la idea de permanecer en casa, de ver una vieja película o jugar un juego de mesa en familia se ha comenzado a asociar con la pobreza y el aburrimiento. En el afán colectivo de parecer lo mejor, de demostrar que se está a la moda y que nunca se está atrás de alguien más, muchos gastan pequeñas fortunas con el propósito de mantener el estilo de vida que creen es el mejor.

Seguir el ritmo frenético de gastos que imponen las tendencias gastronómicas, de ropa y entretenimiento es bastante complejo, especialmente para quienes no tienen entradas económicas estables o no ganan tanto como los “ricos y famosos”, por lo que es buena idea cuestionar si la diversión, si la felicidad dependen realmente de la cantidad de dinero que se destina a una salida de fin de semana. Existen emociones calmadas y baratas, alegrías simples que se pueden disfrutar sin grandes presupuestos, permaneciendo en casa y realizando actividades sencillas, que recuerdan la capacidad increíble que tienen los niños para divertirse con flores y rocas.

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