La tranquilidad es buena consejera

Las emociones son estados internos en constante cambio. A veces la alegría es tal que alcanza las lágrimas y otras la frustración es tanta que la alternativa de desaparecer, de alcanzar la invisibilidad suena muy atractiva. Cuando se experimentan emociones extremas la capacidad de razonamiento se ve alterada, por lo que no es recomendable tomar decisiones importantes en esas ocasiones. Para decidir el rumbo, como para muchas otras actividades, lo mejor es el balance, mismo que suele ser esquivo.

Las personas suelen creer que la tranquilidad es igual a aburrimiento, pero en realidad es ese estado mental en el que las necesidades y los deseos se calman, casi hasta alcanzar el punto de la ausencia. La tranquilidad es el mejor momento para decidir cambios, para elegir caminos e incluso para comenzar un negocio. Si bien el licor es capaz de modificar el raciocinio las emociones fuertes también lo son, así que ante la necesidad de hacer cambios importantes es mejor esperar un claro de paz para elegir lo más adecuado. Aquellas elecciones que se hacen bajo la influencia de fenómenos esporádicos, tanto internos como externos, corren el riesgo de no ajustarse a las necesidades reales.

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