Ser adulto es decidir

Las decisiones siempre traen consigo renuncias. No importa qué se elija o en qué tema, todo el tiempo habrá alternativas que se dejan de lado, pero la madurez no se mide sólo por la sabiduría con la que se selecciona algo, sino por la aceptación de lo que no se puede cambiar. Muchas personas pasan el tiempo quejándose de lo que no tienen, de lo que les sobra y de lo aburrida que es su vida, pero carecen de la habilidad necesaria para hacer cambios significativos. Es cierto que nadie puede controlar todas las situaciones que tienen impacto en su vida, pero sí tiene el poder de hacer cambios, constantes y concretos, para modificar su ambiente y moverse a sitios más agradables. Si una persona pasa la mayor parte de su tiempo quejándose de lo que tiene y deseando lo que no, pero no realiza acciones reales en la dirección que desea alcanzar sigue siendo un niño, un adolescente a lo sumo. No se trata de resignación, se trata de aceptar la situación presente y de proponer un plan de acción que servirá para llegar a la meta planteada.

Así que si el salario no es el deseado o la casa en la que se vive es muy pequeña, es hora de comenzar a aprender nuevas habilidades laborales para ser un empleado más competente y valioso, o es momento de recortar gastos y buscar nuevas fuentes de ingresos para poder cambiar de residencia.

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